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Aquí en la Tierra como en el Cielo

15/04/2019  |  OPINION  |  

Las conclusiones del experimento se publicaron a mediados de la semana pasada en la revista Science. Titulado “El estudio de los gemelos de la Nasa: un análisis multidimensional de un vuelo espacial humano” el trabajo consistió en medir diversos parámetros de salud en los hermanos astronautas Mark y Scott Kelly, a lo largo de los 340 días en que Scott estuvo orbitando el planeta mientras su gemelo permanecía en tierra firme. A partir de muestras tomadas a ambos, y de los resultados preliminares de enero de 2017, la investigación permitió establecer que, al contrario de lo pensado, el astronauta que estuvo en el espacio “envejeció” más que el que quedó aquí abajo. La comprobación se hizo a través del estudio de los telómeros (suerte de “gorras” protectoras en los extremos de los cromosomas), que aparecían acortados en los de los glóbulos blancos de Scott. Estos cambios podrían significar un riesgo de envejecimiento acelerado.

Para el mismo año en que se publicaban los primeros datos de ese estudio, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) daba a conocer un nuevo informe sobre Salud en las Américas, el que presenta cada lustro desde 1956, acerca del mismo continente en que Mark esperaba el regreso de su hermano. Según este trabajo, en los últimos 45 años la población de esta región aumentó en 16 años promedio su esperanza de vida, que hoy alcanza los 75 años,y se ubica 5 años por arriba del promedio mundial. En Argentina, en 2015, ese indicador arrojaba 76,6 años promedio (80,4 para las mujeres y 72,8 para los varones). Claro que hay una asignatura pendiente, ya que el aumento en la expectativa de vida no se tradujo en mayor cantidad de años sin discapacidad, de modo tal que la esperanza de vida saludable promedio, en 2015, en todo el continente se ubicaba en 65 años.

A la hora de las alertas, las enfermedades emergentes (zika, chikungunya) y las no transmisibles (cardiovasculares, respiratorias crónicas, cáncer y diabetes), responsables estas últimas de cuatro de cada cinco muertes anuales, son uno de los principales desafíos en una región caracterizada por las desigualdades, y por algunas particularidades: entre 2010 y 2016 hubo en el continente 682 desastres asociados a sismos, huracanes y otros fenómenos, que representan el 20,6% del total mundial, con un impacto económico estimado en más de 300.000 millones de dólares.

Uno de los datos más impactantes, sin embargo, viene de la mano de lo que a nivel planetario ya es considerado epidemia. La obesidad, señalada por los especialistas como uno de los principales factores de riesgo para sufrir una enfermedad crónica, entre tantas otras dolencias, ostenta en la región un indicador que espanta: con 26,8% duplica el 12,9% de promedio mundial. A 2016 se calcula que había, en todo el mundo, unos 1900 millones de personas mayores de 18 años con sobrepeso, 650 millones de los cuales eran obesos. Y en los chicos el tema es particularmente serio. En Argentina, Unicef presentó la semana pasada ante el Congreso una serie de medidas para paliar el flagelo de la obesidad infantil: el país ocupa el segundo puesto en la región en materia de sobrepeso en menores de 5 años, con un 9,9% de nenas y nenes de esa franja etaria por encima de su peso saludable.

Hay acechanzas aquí que por ahora resultan impensables en el espacio: con apenas el 9% de la población mundial, América latina es la región más violenta del planeta, concentrando el 39% de todos los homicidios registrados en él, con un nivel de robos que triplica la media y 41 de las 50 ciudades más peligrosas del globo, según el BID. Un panorama cuyas soluciones, urgentes, sólo pueden provenir del reino de este mundo.



Fuente: Clarin
Tags:  opinion