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Cuando estar en casa se vuelve una responsabilidad…

25/03/2020  |  otras noticias  |  

La clave primera para hacer un aporte individual, es saber de empatía. Ponernos en el lugar del otro, considerarlo en sus características individualidades, sus responsabilidades y necesidades, es fundamental para lograr una convivencia armónica, en donde la experiencia pueda volverse un aprendizaje y no una frustración. 

Partir de la idea de que todos estamos ante el mismo escenario, nos proyecta a buscar en el otro las opciones más convenientes en la convivencia y la comunicación. Es ese granito de arena del que hemos escuchado muchas veces, el mensaje que nos han transmitido nuestros mentores alguna vez. 

Niños, adolescentes y adultos en casa, ¿qué hacemos?


Es la oportunidad de cada uno de proponer ideas para que el tiempo no sea nuestro enemigo. 

Hay diversas actividades a las cuáles acudir, desde las intelectuales, artísticas, deportivas y de ocio.

Ayudar a los niños con las tareas, planear horas de juego, cocinar juntos, ver películas, compartir momentos que en el día a día no podemos hacer con ellos porque tenemos que cumplir con nuestras tareas de adultos. 

En cuanto a los adolescentes, aprovechar las redes sociales, aquellas que les son reguladas porque funcionan como una distracción en lo cotidiano. Sí, ahora se vuelven necesarias. Los adolescentes se apoyan en sus amigos y compañeros, seguramente el distanciamiento social les resulte muy tedioso. Por lo tanto, momentos de ocio son más que válidos, sin dejar de lado sus responsabilidades en casa y con sus estudios.

Y los adultos si necesitábamos descansar, quizás sea el momento de aprovecharlo un poco, o al menos sentir que no son tantas las obligaciones o que el tiempo nos limita a cada minuto. Hay espacio suficiente para cumplir con todo tipo de actividades. Desde las laborales, ya que muchos trabajan desde sus casas, hasta aquellas que nos hacen sentir bien con nosotros mismos: ejercicio, lectura, ocio, música, arte, cocina etc.  

Todas las actividades se pueden ajustar a cualquier edad, responsabilidad y necesidad. La clave está en pensar con quienes vamos a compartirlas y de qué manera, consensuar espacios y tiempos. Las normas de convivencia son indispensables en todo grupo, y para ponernos de acuerdo, siempre hay que partir desde el entendimiento y el cariño, brindando a los demás lo que condicionamos individualmente.   



Fuente: informate salta