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La economía requiere de urgentes decisiones

03/05/2021  |  OPINION  |  

Comprensible. Cuando meses más tarde el ministro anunció su esquema de retraso cambiario indicando que a fines de año el dólar deberá valer cerca de $102, en general se pensó que el ministro estaba intentando comenzar a diseñar un esquema para luchar contra la inflación y que por lo tanto era lógico que se atara inicialmente a un ancla cambiaria, que solo el paso de los meses iba a develar la incógnita acerca de si era provisoria o definitiva. Atendible.

Cuando meses más tarde, a pesar de la inflación por encima del 4% mensual, el ministro rigidiza su discurso y empieza a disminuir el ritmo de devaluación para no pasarse a fin de año de $102 por dólar sin lanzar un paquete de medidas congruentes con ello, ya se podía empezar a pensar que el ministro estaba intentando forzar a la realidad a entrar a su esquema mental, en vez de adaptar su mente a la realidad. Preocupante. Muy preocupante. Y ahora, cuando finalmente el ministro empieza a oponerse a toda ayuda oficial a las potenciales víctimas de una cuarentena “dura“ y prolongada porque no entra en su meta de “dólar 102”, el ministro Guzmán ha comenzado a transitar fuera de la realidad. Esa peligrosa modalidad de fugarse de la realidad se corresponde con exactitud al accionar de Miguel Pesce al comando del Banco Central.

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No vamos a profundizar aquí acerca de los grandes desaciertos pasados de esta administración del ente regulador de política monetaria. Basta con recordar que hace un año el Banco Central cerró los bancos y al reabrirlos prohibió la operativa por ventanilla del peso, la propia moneda que emite. Algo así como prohibir a los bancos la aceptación de sí mismo. Luego dispuso una serie de complicadas y crecientes regulaciones al “dólar contado con liquidación” y al “dólar bolsa” que en vez de hacer bajar al dólar, lo hicieron subir, tal como era previsible. Acto seguido dispuso negar la venta de dólares a las empresas que debían pagar deudas al exterior haciéndolas incurrir en una situación de “cuasi default”. Y ahora, durante varios meses consecutivos ha ensayado una ruinosa política de intervenir en el mercado de cambios “libre” o “paralelo” desprendiéndose de reservas con el fin de recomprar los bonos que por otra ventanilla su misma entidad u otros organismos del Estado vendían contra pesos. O sea, utilizó los dólares arduamente ganados a través del superávit de balanza comercial para intentar incidir en el precio de la divisa lo que produjo unos cortos meses de calma en el mercado. Pero esa calma no sirve para absolutamente nada por haberse tratado de un corto período de tiempo imposible de mantener con el paso de los meses y sin correspondencia alguna con medidas fiscales o de política económica general que el ministro Guzmán estuviera adoptando en sincronía y armonía.

Es así que de los cerca de u$s3.500 millones que el Banco Central compró al sector privado en lo que va del año solo unos magros u$s800 millones hayan quedado en las reservas del Banco Central. Es cierto que la salida de divisas de las reservas se debió a varios factores. Pero estas intervenciones no han sido una causa pequeña. Se dilapidaron cientos y cientos de millones de dólares. ¿Para qué?. Para nada, solo para que el periodismo no se vea en la triste obligación de hablar de los movimientos del dólar durante el verano. Es como gastarse todos los ahorros en las vacaciones. Prácticamente igual. Sumemos entonces: el ministro escapándose de la realidad en forma creciente sin mostrar que tenga al menos en mente un esbozo de programa económico, mientras que el presidente del Banco Central, en su enésimo error grave, se “patina” cientos de millones de dólares, probablemente más de mil millones en un vano intento de conseguir... nada.

Antiguamente los economistas solíamos referirnos hacia los responsables del manejo de la economía como “el equipo económico”. Pues bien, Guzmán y Pesce no juegan en equipo y para colmo de males juegan individualmente mal, ahora muy mal y en el caso del Banco Central para colmo de males, de manera irresponsable. Es por esa causa que en forma creciente muchos busquemos claves económicas en las palabras del Presidente. Porque si bien es cierto que Alberto Fernández ha tenido que ocuparse de temas sanitarios aun más importantes que el económico, ahora sí puede pensarse que la economía no va a poder seguir manejándose -o mejor dicho- dejada a la deriva de la manera que Martín Guzmán y Miguel Pesce están haciendo. No han logrado ensamblarse. Pero no hay nada que ensamblar, porque luce de manera cada vez más evidente que ninguno de los dos sabe bien qué hacer, que improvisan su accionar y que suman su falta de ideas útiles y concretas a las consecuencias económicas de los graves problemas sanitarios produciendo así resultados ruinosos.

Puede entenderse que el Presidente antes de asumir su cargo declarara que no iba a aplicar un plan económico porque no creía en los mismos. Fueron tantas las veces que en Argentina se aplicaron planes económicos que terminaron muy mal que es entendible que le haya corrido un escalofrío por la espalda cada vez que haya pensado en un plan económico. Pero lo cierto es que no sólo no le está yendo bien en materia económica, sino que además se le suma el accionar incoherente, sin basamento técnico económico alguno y -en el caso del Banco Central- directamente irresponsable que llevan a concluir que el Presidente quiera o no quiera, le guste o no le guste, en muy poco tiempo más deberá comenzar a pensar en la economía del país y focalizar allí su atención. Es difícil que si hace una evaluación adecuada de la realidad no advierta el inventario de problemas que entre Guzmán y Pesce o bien no han solucionado en algunos casos, o bien han generado en otros: inflación altísima, crecimiento magro -en los pocos sectores donde lo hay- pobreza record, crédito al sector privado prácticamente inexistente, falta de acuerdo con el FMI, reservas líquidas netas inferiores a los encajes de los depósitos en dólares, lo que abre toda una serie de problemas adicionales… ¿Qué más falta para que haya que aplicar un programa económico integral que cambie de raíz la situación? Porque, a no dudarlo, al igual que en medicina, se puede rechazar un tratamiento cuando todavía se puede vivir y movilizarse sin él, pero cuando vivir empieza a ser imposible es hora de ir al médico y hacerle caso en el tratamiento. El tratamiento médico es a la medicina lo que un plan económico es a la economía. Esto no es Suiza, donde las tasas de interés y la tasa de inflación equivalen a 0%, el crédito al Estado y al sector privado es abundante y un pobre es poco menos que una curiosidad. Suiza puede darse el gusto de no tener plan económico. Argentina no.

Ahora bien, por lo que se ve, la situación no va a empezar a solucionarse tampoco si el Presidente llama a Guzmán y a Pesce, les “tira de las orejas” y les pide que trabajen colaborando el uno con el otro y coordinen mejor su accionar. No hay nada que coordinar: el accionar de ambos es espasmódico, errático, sin objetivo serio alguno más allá de metas caprichosas. Y para peor sin ninguna idea de cómo salir de la situación. Así estamos hoy. Sin dudas es muy desagradable. Pero esto no se va a solucionar solo. Aunque en el pasado los planes económicos hayan salido muy mal no deben necesariamente terminar todos así. Otros países han podido bajar su inflación a un digito anual y crecer a buen ritmo gracias a la aplicación de planes económicos. Un buen plan económico no tiene porqué concluir mal en Argentina si con el paso de los años se lo va adaptando a la siempre cambiante realidad. Si es flexible y no rígido. Precisamente lo contrario de lo que el ministro de Economía y el presidente del Banco Central vienen haciendo. Para peor de males, cada uno por su lado. Con total falta de coordinación. Es hora de tomar al toro por las astas. De barajar y dar de nuevo.



Fuente: Ambito