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Los próximos pasos del acuerdo Mercosur-UE

10/02/2020  |  OPINION  |  

Tras casi 20 años de negociaciones, en 2019, el Mercosur y la Unión Europea (UE) llegaron a un acuerdo de cómo regular sus relaciones comerciales. Aunque criticable, existen razones que ameritan que la “revisión” propuesta por el gobierno no implique la caída del acuerdo o su inaplicación para Argentina pero sí para Brasil, Uruguay y Paraguay. Abogo por perfeccionar el acuerdo a medida que se lo implementa y desplegar una política comercial que apuntale la transformación productiva argentina.

Primero, en un escenario global de incertidumbre, de guerra comercial y de crisis de la Organización Mundial del Comercio, el Acuerdo es un mensaje político global y una apuesta a espacios y mecanismos reglados y previsibles para administrar las relaciones comerciales.

Luego, el Acuerdo revitalizó la capacidad negociadora del Mercosur, implicó acordar el grado y forma de apertura de las cuatro economías, importó definir puntos sensibles y líneas rojas comunes al Mercosur y resultó en acordar el nivel de reciprocidad que se le requirió a la UE. No parece poco para un espacio que, desde hacía mucho tiempo, no lograba sortear la brecha entre el discurso, las normas y la realidad.

Además, el Acuerdo prevé una liberalización progresiva, recíproca y con salvaguardas (para bienes industriales y agrícolas). A grosso modo, el desafío del Mercosur será abrir su sector industrial, lo más sensible a 15 años y con un plazo de gracia. Deberá también liberalizar los servicios marítimos y proteger 357 indicaciones geográficas europeas. A su turno, el desafío de la UE será desgravar el 83% de los bienes agrícolas, otorgar cuotas sobre carnes bovinas, aviar, cerdo, azúcar y etanol y, en materia regulatoria, conformarse con aplicar en nuestras relaciones bilaterales los estándares multilaterales de protección de los derechos de propiedad intelectual. Este resultado comercial, en términos generales, da cuenta de las desigualdades entre los bloques, morigerándolas mediante plazos diferenciados y significativos, salvaguardas y exclusiones de productos y disciplinas.

Es por el contexto global, por la entereza del Mercosur, por el riesgo de aislar a Argentina de la UE y de sus socios del Mercosur y por el tipo de acuerdo logrado que propongo focalizarnos en la implementación del acuerdo, que es más que las instancias que el propio acuerdo generará cuando entre en vigor y que ya comenzó.

En efecto, es crucial en este período de revisión legal y traducción del acuerdo preservar los compromisos obtenidos, luego prestar atención en la elaboración de los reglamentos que regirán la administración de las cuotas entre los socios del Mercosur y la UE y adicionalmente pensar instrumentos conjuntos con la UE que puedan coadyuvar en la interpretación de lo acordado de manera de compatibilizarlo con nuestra política comercial.

Finalmente, es tiempo de prever, monitorear y trabajar sobre los compromisos, oportunidades e impacto del Acuerdo. El Acuerdo servirá si alineamos nuestra política comercial con la necesidad de transformarnos productivamente: necesitamos programas que atraigan inversiones, diversifiquen la canasta exportadora, agilicen y abaraten la logística, innoven y mejoren los estándares de calidad de nuestros productos, fortalezcan a las MIPYMES, generen las condiciones para incrementar el comercio electrónico y regulen apropiadamente los derechos de propiedad intelectual.



Fuente: clarin