Image

Tips para analizar la propaganda contemporánea

07/10/2019  |  OPINION  |  

Para ser justo no basta con hacer el bien; es necesario, además, que los gobernados estén convencidos de ello. La fuerza se funda en la opinión”. La frase, atribuida a Napoleón por el escritor francés Jean-Marie Domenach en su célebre trabajo sobre la propaganda política, bien podría servir de prólogo a la reactivación de la campaña electoral que intentará, hasta el 27 de octubre, influir en las opiniones de la ciudadanía argentina para captar su voto.

Es también un buen momento para ejercer un análisis crítico que, en tiempos de fake news y desinformación, aporte a entender los muchos mensajes propagandísticos que comenzaron a emitirse en el ecosistema de medios: sólo en el espacio audiovisual los partidos expondrán 60 mil horas de publicidad electoral.

El término “propaganda”, es cierto, hoy está en desuso. Tiene su origen en las necesidades de la Iglesia de difundir el evangelio durante la Contrarreforma y, en la actualidad, adquirió una carga peyorativa al calor de las campañas de manipulación de la opinión pública de la Segunda Guerra Mundial. Se lo ha reemplazado por palabras menos conflictivas como “comunicación política”, “prensa”, “marketing político” o “comunicación institucional”, entre otras. Sin embargo, muchos de sus objetivos en pos de influir en las acciones y pensamiento de las personas continúan vigentes.

Domenach describió en 1950 una serie de técnicas o reglas que suelen acompañar las estrategias de propaganda las que, salvando las distancias puesto que al autor lo motivaba estudiar los casos de la conflagración internacional, bien podrían servir para mirar con otros ojos los mensajes contemporáneos. Veamos.

Por ejemplo, es común que un partido político nos muestre un símbolo atractivo, un slogan pegadizo, una canción que marca una línea (¿una grieta?) y defina quién está en la vereda de enfrente. Además, suele pasar que se reduzca el debate a una mera rivalidad entre personas en reemplazo de una compleja discusión de ideas: así como hoy es “Macri o Cristina”, ayer fue “Braden o Perón”. En estos casos se está aplicando la regla de simplificación y del enemigo único.

Además, el mensaje puede venir acompañado por un exceso de información favorable a la propia causa, como contracara de una catarata de agravios e insultos hacia la del adversario. Un repaso por los posteos y tuits de trolls y haters de la semana serviría de ejemplo para lo que Domenach llamaba “regla de exageración y desfiguración”.

En la misma línea, los candidatos y sus equipos de comunicación siempre van a destacar la superioridad numérica y la pertenencia a un grupo sin fisuras, aunque la realidad lo desmienta, a fin de responder al criterio de “unanimidad y contagio”. También podrán aplicar la regla de transfusión, es decir, exaltar sentimientos, valores o prejuicios arraigados en la cultura previamente con el fin de exacerbar los ánimos de la ciudadanía.

Por último, una vez definido el mensaje propagandístico hay que establecer los medios para comunicarlo. “La orquestación de un tema dado consiste en su repetición por todos los órganos de propaganda en formas adaptadas a los diversos públicos, que deben ser tan variadas como sea posible”, explicaba Domenach acerca de la “regla de orquestación” y, de paso, se adelantaba a considerar el fenómeno de la segmentación de audiencias, un punto que hoy desvela al marketing digital político en plena era de la sociedad de la información y del big data.



Fuente: Clarin