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Macri devuelve un favor a Cristina

06/03/2017  |  OPINION  |  

La economía difícilmente alcance. Es la conclusión que decanta en el gobierno de Mauricio Macri cuando se analiza la ruta electoral que resta por transitar. Las internas abiertas serán en agosto. Las legislativas generales en octubre. Se trata de entre seis y ocho meses, nada más. Existirían serias dudas de que en ese lapso los beneficios de un hipotético repunte modifiquen la sensación en los bolsillos.

Aquel diagnóstico explica la utilización de recursos políticos que el macrismo dispuso en los últimos días pensando en la votación. Han sido por ahora sólo rudimentos: algún recuerdo de la década pasada, la unción del kirchnerismo como adversario, la reposición de la fe y la alegría convertidos en motores presuntos de la adhesión colectiva. El plan requerirá más adelante de verdaderas consistencias.

El Presidente tomó conciencia cabal de aquella realidad en medio de las pompas que rodearon su paso por Madrid. Las inversiones extranjeras que no vinieron durante su primer año de gestión, que fue observado en el mundo como una grata novedad, no lo harán ahora. El año electoral representa un mar de incertidumbre. La puja distributiva desatada a pleno también. Los empresarios locales lo viven de idéntico modo.

La excursión habría permitido a Macri observar de cerca la presente complejidad del planeta. Desenrolló esa percepción al final de su discurso en el Congreso que inauguró las sesiones ordinarias. Estados Unidos, con Donald Trump en la Casa Blanca, continúa siendo un enigma. Como sostuvo un economista, la primera potencia se estaría comportando por el momento como un “país grande” pero no como un “país líder”. Trump presentó uno de sus primeros grandes logros al haber conseguido que inversiones de la industria automotriz fluyeran desde México a Detroit. Una demostración de fuerza. Una decisión envuelta con la promesa de generar empleo nacional. Probablemente sea así. Pero también ocurrirá que el precio de los vehiculos será mayor para los ciudadanos de su país. Porque los costos de producción están bien por encima que en México. Una salida con trampa.

El Presidente tuvo la posibilidad de palpar, por otra parte, la crisis que atraviesa a la Unión Europea. Lo escuchó a Mariano Rajoy, el zarandeado premier español. Ni aquel bloque ni Gran Bretaña encuentran todavía la fórmula para que ese país consume el Brexit que un plebiscito consagró el año pasado. Macri tuvo la voluntad, pese a todo, de promover un acuerdo entre el Mercosur y la UE. Imposible saber como se articulará: el bloque regional está en una situación más lastimosa que su par europeo. Basta con observar el desquicio incesante de Brasil.

El Presidente ha preferido refugiarse, en ese plano, antes en la retórica que en los números. Asegura que la economía empezó a crecer aunque las cifras resulten vagas y contradictorias. Depende mucho de cada sector. Lanzó la convocatoria del “no aflojemos” a través de las redes sociales. Las buenas noticias productivas las circunscribió al campo. Es cierto que allí las cosas han mejorado mucho. Es real la incidencia del sector en el eslabonamiento de la cadena de valor. Suele ser uno de los factores de expansión del transporte, la construcción y la actividad inmobiliaria. Aunque posee también limitantes: su aporte directo al PBI es de sólo 6%; ocupa el 5% del empleo registrado; se extiende en territorios cuya población no supera el 30% del total.

La pulseada con el sindicalismo mezclaría todos los ingredientes. Sería necio negar que en la protesta que se avecina de la CGT no se conjugan reclamos legítimos con especulaciones políticas y electorales. La misma apreciación cabe para la huelga convocada por los gremios docentes. El mayor problema radica en Buenos Aires. Por el efecto y la envergadura de sus números. María Eugenia Vidal hizo tres ofertas para destrabar el conflicto. Hizo además invocaciones públicas para que los alumnos no queden sin clases. Presionó con una conciliación obligatoria. El Estado bonaerense dedica casi el 24% de su presupuesto al salario de los docentes. La mitad para cumplir con el abundante lote de empleados públicos. Cada punto de aumento por encima de la oferta inicial (18% con cláusula gatillo) implica para las arcas de la gobernación una erogación extra de $1000 millones. De satisfacer la demanda sindical (35%) aquellas cifras escalarían a casi $16000 millones. Por esa razón Vidal repitió que está dispuesta a dar todo lo que puede. Eso que puede está a la vista.

La prioridad política macrista que no prosperó consistió en desarmar la huelga docente. Que en uno de sus días se acoplará con la marcha de protesta cegetista. Aunque cabrían valoraciones diferentes. El paro de los maestros significa un fracaso básico en la política educativa y un estimulante también para el mal humor social. La queja cegetista, que derivará en una medida de fuerza superior, se encuadra dentro del desafío natural que el sindicalismo peronista propone siempre a los gobiernos que no son de su palo. Mucho más en época electoral. Finalmente Macri no podría patalear tanto: Raúl Alfonsín sufrió la primera huelga en el noveno mes; Fernando de la Rúa en el tercero. Al ingeniero le tocaría, quizás, en el decimoquinto.

El problema para el Gobierno exhibiría tres aristas complejísimas. En primer término, no descubre si la maniobra cegetista apunta a descomprimir su frente interno o forma parte de una escalada con puerto aún desconocido. En segundo lugar, varios funcionarios dialogaron una y cien veces con Héctor Daer, Carlos Acuña y Juan Carlos Schmid. Nunca consiguieron arrancarles un compromiso conjunto para buscar un escape al pleito. Tal vez, porque aquellos hombres no gozan de autonomía total. La señal estremecedora para el macrismo sería la tercera: por primera vez durante este ciclo los viejos caciques abandonaron la zona de neutralidad. Hugo Moyano está distanciado de Macri por motivos que no involucran a los trabajadores. El metalúrgico Antonio Caló parece proclive a enrolarse en la interna pejotista que no se emparente con el kirchnerismo. El gastronómico Luis Barrionuevo no podría haber quedado solo en medio de tal paisaje. Representa a un gremio que padece la baja del consumo popular. “No puedo Mauricio, entendeme”, le dijo la última vez que conversaron.

Lo cierto es que el escenario previsto parece haber sufrido un vuelco. Al Gobierno no lo sostiene la economía ni lo atornilla la gestión. Empezó a desempolvar sobrantes de su cotillón político, con las cuales ancló en la Ciudad y abordó el país. Sin remedio deberá enredarse con recursos más tradicionales. Donde la frontera entre “lo nuevo” y “lo viejo” resultaría indeleble.

Para avanzar en esa dirección Macri necesita tener afiatada a Cambiemos, la coalición oficialista. La relación con el radicalismo marcha bien porque el Presidente está dispuesto a escucharlo para pelear la elección. Tuvo un gesto cuando subió a Ernesto Sanz al avión que lo llevó a España. El ex senador es una usina del pensamiento político clásico, a distancia de los globos, los colores y la música. La figura mas difícil de domar es Elisa Carrió.

La líder de la Coalición se desdobla con astucia. Promueve denuncias contra el propio Gobierno. Lo sabe Gustavo Arribas, el titular de la AFI, que nunca termina de aclarar el pleito por el cobro de cinco pagos (¿coimas?) que según la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF) y la empresa Odebretch no tienen que ver con el escándalo de corrupción en Brasil. Pero con algo tienen que ver. La diputada también le extiende a Macri un certificado de inmunidad en situaciones críticas. En el caso del Correo, se las ingenió para exhibir las complicidades de Franco Macri con Cristina Fernández y Julio De Vido. Se inviste como la reserva ética de Cambiemos.

Macri tampoco debe descuidar a Carrió en otro campo. La diputada quiere definir su postulación en Capital o Buenos Aires. No que se la definan. Cuestiona a Vidal por haber establecido, según ella, un precontrato con Jorge Macri para su candidatura a senador bonaerense. No hay nada de eso cerrado. Tampoco le agradan los devaneos de la gobernadora con viejos caudillos bonaerenses. Eduardo Duhalde estuvo en el Congreso sentado junto al gabinete nacional. El ex presidente urde una jugada en la provincia con identidad peronista pero que resulte fértil a Vidal, como una semilla en tierra húmeda.

Probablemente no sea ese el único desgajamiento peronista en Buenos Aires. Un sector, refugiado en La Matanza, continúa a la espera de Cristina. Otros plantean una alternativa distinta. Florencio Randazzo repite citas con Julián Domínguez. Esos dos bonaerenses coincidieron en una comida con un macrista: Emilio Monzó, el titular de la Cámara de Diputados. Fue un encuentro social en el cual se cuidaron de descubrir cartas. Se trata de viejos conocidos: provienen de Chivilcoy, Chacabuco y Carlos Tejedor. En la misma sección electoral. Otro que circula con frecuencia es Daniel Scioli. El ex gobernador parece desalentado con la posibilidad de candidatearse. Las encuestas lo muestran en un tobogán casi vertical por dos motivos: las denuncias por corrupción en su contra; ciertas revelaciones de la vida privada.

La figura de Cristina sería el principal activo que conservaría el Gobierno. Por eso la coloca en la vidriera. Como una simbólica devolución de favores. La ex presidenta hizo lo mismo con Macri en el 2015. La jugada le salió mal. Una lección que el macrismo no debiera desdeñar.



Fuente: clarin.com